«No puedo simplemente vivir. Tengo que lograr un éxito que pueda mostrar»
Autoestima y sentido de propia dignidad, límites personales y no saber decir «no», el crítico interno, la necesidad de aprobación.
«No puedo simplemente vivir. Tengo que lograr un éxito que pueda mostrar»
«Sé lo que quiero y lo que me conviene. Pero si alguien intenta hacerme cambiar de opinión, digo que sí. Sobre todo si lo hacen profesionales con autoridad, o ni siquiera con autoridad, pero con total seguridad. Después, claro, me arrepiento.»
A lo mejor esos profesionales con autoridad tienen razón. Sobre todo si están tan seguros de tenerla. Pero en el mejor de los casos tienen razón para ellos mismos. Si estuvieran en tu lugar, su decisión sería la correcta para ellos. No para ti. No conocen ni pueden conocer todas tus circunstancias. No sienten lo que sientes tú. Y tu intuición no les habla en el lenguaje de tus propias sensaciones. Y lo más importante: cargar con las consecuencias de tu decisión te va a tocar a ti, no a quienes te dieron ese consejo.
Sentir inseguridad al tomar decisiones es normal. La mayoría de las veces no sabemos cómo van a resultar las cosas y toca sopesar probabilidades y circunstancias que pueden darse o no.
En esos casos solemos recurrir a la experiencia y a la intuición. Y ahí viene la parte más difícil de cualquier decisión. La elección. La experiencia habla con voz de precaución: suele recordar mejor los fracasos que los éxitos. La intuición muchas veces apenas susurra, porque su voz no logra atravesar el ruido de la tensión en el cuerpo. Y las voces de los demás suenan a todo volumen. Así que el sí sale solo, antes de que puedas pensarlo: se dispara el guion de siempre.
La terapia somática no te va a librar de tomar decisiones. Pero puede ayudarte a quitar de en medio mucho de lo que te estorba: la experiencia pasada se queda en la memoria, pero sale de los patrones del cuerpo; permanece como una lección aprendida, no como la sensación de que la sigues reviviendo. ¿Y la intuición? Sí, se puede aprender a escucharla y a entenderla. Y en muchos casos se puede fortalecer. Pero ese es otro tema. Desarrollo y sentido →
El primer paso es una sola sesión diagnóstica.
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A lo mejor es simple ambición, energía, un deseo sano de crecer. A lo mejor. Este guion parece muy decente: construye carreras, negocios y reputaciones. Mueve el progreso de la persona y de la humanidad entera. Pero hay un detalle que ayuda a distinguir el progreso de la trampa.
En mi práctica, la gente que habla así suele describir después el mismo cuadro. La euforia del triunfo se acaba antes de la cena. La pausa entre logros genera una tensión creciente. El descanso no repara: genera la sensación de logros que se escapan. Y aquí el análisis ayuda aún menos que en otros casos: todo está claro, todo está analizado, y aun así no pueden parar, siguen corriendo.
La razón de que no funcione es simple. Lo que no te deja parar no vive en los pensamientos ni en tu historia. Vive en el cuerpo, en la tensión de fondo que no se apaga ni con comprensión ni con fuerza de voluntad. Pero se puede encontrar con mis manos y soltarla poco a poco. Desde fuera se ve así: la persona sigue logrando, solo que la carrera se vuelve elección y no obligación. Aparece la capacidad de disfrutar victorias que nadie verá jamás. Y de vivir sin demostrarle nada a nadie.