No hace falta averiguar de antemano si la terapia somática puede ayudarte. Lo más probable es que lo sepas antes de venir. En el peor de los casos, lo sabrás después de una sola sesión diagnóstica.
Así que si sientes que necesitas ayuda, puedes simplemente probarlo. No te comprometes a nada.
Las reglas que sigo en mi práctica:
Todo lo que compartes en una sesión se queda en la sesión. No hablo de mis clientes con nadie: ni con colegas como un "caso anónimo" ni con la familia en la cena. No hay fotos, no hay historias de éxito, no hay menciones en redes sociales. No tengo redes sociales, blogs ni podcasts. No encontrarás un solo nombre en este sitio. No te pediré permiso para compartir tu historia, y no lo haré, aunque me lo ofrezcas. Puedes leer cómo veo los testimonios de mis clientes aquí.
Soy la única persona que lee tus mensajes de WhatsApp. Nadie más tiene acceso a ellos.
Si un amigo te recomendó, se va a enterar de tu visita solo por ti. No confirmo ni niego que alguien sea mi cliente.
Dejo suficiente tiempo entre sesiones. En parte porque este trabajo requiere concentración, y no sale bien cuando estoy cansado. Y en parte para que nunca te encuentres con otro cliente.
No te pediré identificación ni tu nombre real.
Puedes preguntar lo que necesites saber sin dar tu nombre.
Las sesiones son en un consultorio privado con su propio baño.
Durante el trabajo corporal, puedes permanecer con la ropa interior que te resulte cómoda. Tu capacidad de relajarte importa más que mi comodidad.
Hay un área detrás de un biombo. Puedes cambiarte y prepararte para la sesión con calma, sin prisa.
No eres un paciente pasivo, sino un participante activo. Compartes las sensaciones físicas y las reacciones emocionales que van surgiendo durante la terapia, y juntos les damos sentido y planeamos los siguientes pasos.
Tú decides la intensidad: el ritmo del cambio que estás viviendo. Puedes elegir una intensidad mayor si estás listo para sensaciones y experiencias más fuertes. O una menor, y los cambios se irán dando tan gradualmente que apenas los notarás. A veces puede parecer que no está pasando nada, hasta que miras hacia atrás, ves desde dónde empezaste y te das cuenta de que todo ya cambió.
Puedes detener el trabajo en cualquier momento y en cualquier parte de tu cuerpo, pedirme que cambie la presión, hacer una pausa o terminar la sesión. No tienes que justificar ni explicar tu decisión si no quieres.
Si algo te causa incomodidad, es una razón para parar y decidir juntos cómo ajustar el trabajo, no para aguantar.
Puedes pausar o dejar la terapia en cualquier momento sin dar explicaciones. No cobro por adelantado: solo pagas las sesiones que ya se realizaron.
Puedes venir acompañado si así te sientes más cómodo. Tu acompañante puede estar presente durante el trabajo corporal o solo durante la conversación, o esperar detrás del biombo mientras trabajamos.
Si quieres que te acompañe durante el trabajo corporal, pero prefieres no hablar de ciertas cosas frente a él, dímelo y buscaremos una forma que funcione para ti.
Respondo los mensajes yo mismo, entre clientes, generalmente esa misma noche o la siguiente. No tengo asistente, así que muchas veces no puedo responder de inmediato. Pero respondo cada mensaje. Sin excepción.
En mi trabajo sigo los seis principios de la atención informada sobre el trauma, un estándar desarrollado por la agencia estadounidense SAMHSA para trabajar con personas que han vivido experiencias traumáticas. Acabas de leer cómo los aplico.
Puedes leer más sobre mí, sobre cómo trabajo y sobre los tipos de situaciones en las que puedo ayudar.
O puedes escribirme y preguntar lo que quieras,
o dejar tus datos de contacto y yo mismo te escribo.