Las reacciones de una persona se forman en tres niveles: la mente, las emociones y el cuerpo. Cuando se trabaja solo con uno o dos de ellos, el efecto suele quedar incompleto. Este método trabaja directamente con el cuerpo, con el nivel donde los patrones están anclados físicamente, y de ese modo influye en todo el sistema.
La terapia de conversación trabaja a través de la conciencia: entiendes lo que te sucede, aprendes a notar tus reacciones y a cambiarlas de manera consciente. Pero este enfoque tiene un límite: puedes entender las causas de lo que te sucede y hablar de ellas con libertad, pero el cuerpo sigue reproduciendo sus reacciones habituales, porque están ancladas en el cuerpo mismo, en la tensión muscular y el hábito. Esto se nota especialmente después de experiencias abrumadoras, que sacuden directamente el sistema nervioso, y después de traumas infantiles, en los que los patrones de reacción se integran a la personalidad y en el cuerpo al mismo tiempo.
Este método trabaja directamente con los patrones corporales que determinan las formas habituales en que el cuerpo sostiene la tensión y reacciona a lo que ocurre. Estos patrones están vinculados con las emociones, las sensaciones y las formas habituales de actuar. Por eso, al cambiarlos en el cuerpo, poco a poco cambiamos también las reacciones psicológicas asociadas a ellos.
La terapia no puede formar por sí misma nuevos patrones que den lugar a otros estados mentales y reacciones emocionales. Pero sí puede debilitar los antiguos y despejar el espacio en el que podrás formar unos nuevos de manera consciente y por propia elección.
Darte cuenta de las causas que forman tus reacciones emocionales no siempre es agradable. A menudo tienen sus raíces en acontecimientos traumáticos del pasado. Deshacerte de ellas volviendo a esas vivencias es aún más difícil. Y a veces es imposible, porque la mente empuja las vivencias más insoportables hacia el inconsciente: ya no las ves, pero siguen dando forma a tus reacciones.
Recibir la ayuda de un terapeuta en este proceso también suele resultar difícil. Porque para ello es necesario exponer ante él los rincones más íntimos de tu mente, reconocer ante ti mismo y ante el terapeuta tus debilidades y todo aquello de lo que no te enorgulleces. Para la mayoría de las personas, exponerse emocionalmente así ante una persona que, en el fondo, es un desconocido, es mucho más difícil que desnudarse.
Todas estas dificultades son superables; para eso existen métodos terapéuticos eficaces. Pero es un trabajo complejo y, a veces, largo y minucioso.
En el cuerpo no solo se guarda la huella de todas las reacciones emocionales, sino una parte importante del mecanismo que las forma. Y a ella se puede acceder directamente. El cuerpo nunca miente, no esconde nada ni intenta adornar nada. Simplemente no tiene mecanismos para hacerlo. Por eso, el diagnóstico, que incluye la exploración de los patrones corporales, muchas veces revela de inmediato problemas que la terapia de conversación puede tardar años en descubrir. Y actuar directamente sobre ellos es muy seguido el camino más corto y más cómodo.
El trabajo solo a través del cuerpo no siempre es el camino más eficaz. A veces es absolutamente suficiente. En algunos casos hay que limitarse a él, si procesar de manera consciente los acontecimientos traumáticos y las emociones asociadas resulta demasiado incómodo. Pero con más frecuencia los mejores resultados se logran combinando distintos métodos de terapia con tu participación consciente y activa en el proceso.
Relaja los músculos a nivel físico, y eso alivia, pero de forma temporal: la forma habitual en que el cuerpo sostiene la tensión sigue siendo la misma, por eso las tensiones vuelven. En la terapia somática, el contacto es una herramienta, no la esencia del trabajo. No eres pasivo: observas las sensaciones y las emociones y se las cuentas al terapeuta; el terapeuta, apoyándose en ello, trabaja no con el músculo en sí, sino con la reacción que hay detrás. El resultado no son músculos relajados por un par de días, sino un patrón de reacción transformado.
Funciona a través de la palabra y la conciencia: hablas de tus vivencias, entiendes sus causas y entrenas para reaccionar de otra manera. En la terapia somática el trabajo ocurre donde las reacciones se forman antes de que hayas llegado a reconocerlas, y donde viven los patrones que no se pueden poner en palabras: la experiencia preverbal e infantil, la memoria corporal del trauma. Es terapia de verdad, no solo trabajo con el cuerpo: las emociones, su significado y su vínculo con tu historia son una parte inseparable del proceso.
La tensión crónica no es solo una sensación de rigidez. Cuando el cuerpo permanece mucho tiempo en estado de alerta, cambia el funcionamiento de los músculos, la respiración y el sistema nervioso. Todo esto es un desgaste constante. Te sientes sin energía, funcionando con lo mínimo. Y al mismo tiempo ata tus reacciones emocionales a la experiencia pasada y te priva de la libertad de elegir cómo responder.
Estas tensiones se forman no solo como mecanismo de defensa o de adaptación a los traumas psicológicos, sino también bajo la influencia del estrés crónico, las exigencias del entorno, la costumbre de controlarte constantemente, la dinámica de tus relaciones y las estrategias para aguantar que se fueron formando con los años.
Muchas personas no son conscientes de hasta qué punto sus decisiones, su capacidad de actuar y su manera de reaccionar están condicionadas por la experiencia pasada; y este condicionamiento no vive solo en la cabeza, sino también en el cuerpo.
A medida que te liberas de las tensiones crónicas, vuelven las emociones a las que no tenías acceso: enojo, tristeza, miedo, vergüenza, dolor, alegría. Se restaura la capacidad de sentir, desear, actuar y disfrutar con libertad. Esa es la energía vital; de ella dependen el placer, la expresión personal y la cercanía con los demás.
Vuelve la posibilidad de tomar decisiones y actuar según tu propio criterio, y no dentro de los límites impuestos por la experiencia pasada. En otras palabras, obtienes la posibilidad de responder a la situación actual y a las personas que te rodean ahora, y no a las situaciones y las personas de tu pasado, que ya no están en tu vida.
En los traumas de las relaciones, el trabajo corporal es especialmente importante si estuvieron acompañados de violencia física, psicológica o sexual; en los demás casos también puede ser de gran ayuda. Si hay dificultades en tu vida sexual, también funciona muy bien: las creencias, los bloqueos emocionales y las tensiones corporales se refuerzan mutuamente y rara vez se pueden corregir por separado.
Qué sucede durante la sesión, qué pasa después y cómo controlas el proceso.
Cómo funciona