La comprensión vive en la cabeza, y las reacciones se forman a partir del estado del cuerpo. La terapia somática trabaja no solo a través de la conversación, sino directamente con el cuerpo: con la tensión muscular, la respiración y las reacciones corporales habituales.
Existe una conexión directa, de ida y vuelta entre el cuerpo y la mente. Los estados mentales y las reacciones emocionales provocan cambios en el cuerpo, que se adapta a la situación. Algunos músculos se tensan, listos para actuar; otros se relajan. Al mismo tiempo cambian la respiración, el funcionamiento del sistema nervioso y la producción de hormonas.
En muchos casos estas reacciones corporales forman patrones estables que no desaparecen cuando cambian las circunstancias. Y luego es el cuerpo el que influye en la mente: manda la señal de que está listo para cierta reacción, y esa es la reacción que aparece.
Como resultado, responder como siempre ante las situaciones de siempre te sale fácil, y reaccionar de otra manera cuesta trabajo, sobre todo cuando la situación es nueva.
Te cuesta ponerte una meta, empezar a realizarla o llevarla hasta el final
No estás contento con tu productividad, tu concentración y tus ganas de avanzar
No te gusta cómo reaccionas ni la impresión que causas en otras personas
Has trabajado tu pasado y estás listo para seguir adelante, pero algo te hace reaccionar como antes
Tienes dificultades con la intimidad o la sexualidad
Has ido a terapia, pero quedó a medias, o el resultado no duró
Estás bien, pero sientes que puedes más: una vida más plena, más libre, con más energía
El método trabaja directamente con el cuerpo, por eso los cambios ocurren donde la conciencia y la comprensión no son suficientes.
Los bloqueos que mantuvieron el cuerpo en alerta durante años se van soltando poco a poco, y recuperas la capacidad de relajarte de verdad, no solo de «desconectarte» por una noche.
Dejas de caer en las reacciones emocionales habituales, los antiguos detonantes dejan de controlarte, y aparece la capacidad de elegir cómo reaccionar.
El cuerpo deja de enviar señales de ansiedad, peligro, estrés e indefensión cuya causa hace mucho quedó en el pasado. El cuerpo deja de ser una fuente de tensión y se vuelve un apoyo.
Empiezas a notar tus propias reacciones cuando apenas comienzan a formarse y cuando aún se pueden dirigir, en lugar de darte cuenta cuando la reacción ya te ganó y te toca lidiar con las consecuencias.
Normalmente se necesitan 2–3 sesiones para saber si este método es para ti: una sesión diagnóstica y una o dos de terapia.
Cómo funcionan las sesiones y los precios