«No puedo relajarme ni apagar la mente, ni aunque me maten. Siempre me preocupa algo. El pasado. El futuro. No puedo relajar los músculos, por más que lo intento. No puedo desconectarme.»

Ansiedad crónica. Un caso típico. Si te suena familiar, no estás solo. Es una de las razones más comunes por las que la gente busca a un terapeuta en todo el mundo.

¿Se puede hacer algo?

Por supuesto. La respiración con exhalación larga, la relajación muscular progresiva, la actividad física. También te suelen recomendar dejar la cafeína y todo lo que te altera. Y darte una hora fija del día para preocuparte.

¿Ya probaste estos métodos o alguno parecido? Si no, pruébalos sin falta. ¿Se te complica hacerlo por tu cuenta? No hay problema. Busca un coach que te ayude. Hay muchos. Estos métodos de verdad funcionan.

Y si ya los probaste, fíjate en algo. Puedes dejar de alimentar la ansiedad, y así se dispara con menos frecuencia y estorba menos. Puedes suprimir su expresión física: la forma en que respiras y la tensión que cargas en los músculos. Y eso también evita que la ansiedad crezca.

Puedes someter tu vida entera a una disciplina estricta para controlar la ansiedad. Buenas noticias. Se puede controlar. Más noticias. La ansiedad no se va a ninguna parte. Está ahí dentro, esperando a que se te afloje el control para recordarte que sigue ahí.

Puedes tener la ansiedad bajo control. Eso no hace que se vaya.

¿A lo mejor esa perspectiva no te convence?

Entonces puedes acudir a un médico. La ansiedad es un diagnóstico oficialmente reconocido. Si los síntomas alcanzan, te lo van a dar. Y eso solo ya te va a hacer bien.

Estás enfermo, o sea que no tienes la culpa. La ironía es que no tienes la culpa de todos modos.

Pero esto es lo que pasa después.

Un psiquiatra te va a ayudar a bajarle a la ansiedad con medicamentos.

Y un psicólogo te va a enseñar a vigilar tus pensamientos, a detectar las distorsiones cognitivas, a poner a prueba tus pensamientos ansiosos con la conducta y a notar cuándo estás alimentando tu ansiedad con tus propias acciones. Quizá hasta te enseñen una técnica de relajación efectiva y te propongan experimentos conductuales para demostrarte que todo está bajo control y para que de verdad lo creas.

Te vas a volver experto en ansiedad. Vas a aprender a controlarla como un profesional. Va a seguir pidiendo tu atención, pero cuando el control se vuelva hábito, el esfuerzo no va a ser demasiado.

Pero espera.

¿Estás seguro de que algo en ti se descompuso? Yo no.

Si las razones de tu ansiedad son reales y tu reacción es proporcional a las circunstancias, no estás enfermo. Te estás adaptando a la situación. Lo que hay que arreglar no eres tú. Son las circunstancias.

Y si no es eso, o no solo eso, tampoco estás enfermo. En algún lugar dentro de ti sigue vivo un patrón, formado por exactamente el mismo tipo de adaptación, solo que en el pasado. Vive 24/7. Y cualquier detonante adecuado, un evento o incluso un simple pensamiento al azar, dispara la respuesta de autoprotección que te ayuda a defenderte de algo que ya no está en tu vida desde hace mucho. Y tu mente, servicial, te ofrece explicaciones verosímiles.

Este patrón se puede encontrar en el cuerpo.

Y se puede aflojar. Yo lo hago con mis manos. No siempre es fácil ni rápido. Muchas veces está conectado con otros patrones y eso lleva tiempo. Pero al aflojarlo, aunque sea en parte, puedes estar seguro de que se redujo la causa misma de tu ansiedad. Y simplemente ya no vas a necesitar controlarla, porque ya no va a haber nada qué controlar.

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